Debo confesar que tuve que lidiar una espantosa y arenosa tormenta no muy positiva de egregores, en la tempestad encontré la aguja mágica que buscaba, el sonido de la luz.
Hoy mi viento está en calma, pero la gran sorpresa que me llevo ahora, en este silencio brillante es la libertad de conectarme en mi alma sin reproches.
