Guardianes Fantasmas.
Perdido en el silencio del temor y el trance de indecisiones, durante muchos años anotaba en una libreta de color rojo las frases que regían mi vida, creyendo en ellas como un ciego, que solo puede guiarse por voces, con la creencia que el aire de las palabras podía formar la imagen de lo que yo quería, pero, dista mucho de lo que uno necesita. Dejé de anotar estas frases y guardé la libreta .
La cacería de palabras no es suficiente para atragantar la esencia de un escrito, por mucho tiempo yo jugué a ser un trampero un équite que gustaba de llevar y escuchar pensamientos de palabras que no son mías…
Siempre he tenido la maldita costumbre de robarme las citas de mis figuras favoritas, en muchas de mis pláticas, haciendo de ellas un usufructo egocéntrico
En la oscura alba de luna nueva, mi vigilia nocturna estaba inquieta, el calor asfixiaba mi sueño. Puse la libreta de color rojo junto a la almohada para intentar escribir algo ante el insomnio ardiente. La temperatura bajó pude cerrar mis ojos un poco, cuando la perturbación, congeló mi intranquilidad, hasta que el frío, se tornó intolerante.
El olor a muerte estaba presente en mi recámara, apareció una esfera de luz café que creció hasta convertirse en la silueta de un hombre delgado, blanco de barba oscura con gorguera, vestido de capa y jubón negro. Yo estaba sumamente asustado.
El hombre tenia herida y carcomida la mano izquierda, se acercó poco a poco a mi cama, con su mano derecha tomó mi libreta de color rojo, colérica mente, la abrió y buscó las frases sobre las cuales basaba mis ideologías de pensamientos ajenos, él arrancó las hojas y en el negro infinito de la noche las desvaneció furiosamente y desapareció el manco que me espantó.
Sólo quedó flotando una nota manuscrita en estilo renacentista que decía.
Se cultiva al escribir, antes de ser manco soy guardián de palabras y letras.
Atentamente
El Manco de Lepanto.
Fernando Sojo Malacara.2011
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